2 Abril 2012
El caminante iba para poeta, para arquitecto barroco o para abogado defensor de causas perdidas. El caminante, cosas de la vida, acabó peor: paseando sus tardes de gloria y sus días de prosaica miseria por los recónditos rincones de Madrid.
El caminante teje sueños y los cose con el hilo de su fracaso. Es ante todo un perdedor, una insignificante alma. Es, ante todo, un literato.
El caminante no fuma, la mala salud de sus pulmones se lo impide. El caminante bebe sólo whisky con cola, o sólo con hielo. Desprecia a los escritores que tiran de bebidas espirituosas para componer sus pobres estrofas. El caminante, con aires de superioridad, piensa que la grandeza de las cosas se halla en hacerlas sobrio.
El caminante, como decíamos, es un español tradicional. Va a Misa los domingos y fiestas de guardar, y algún día de diario en el que Dios se ofrece como la única compañía infalible. Vibra con el arte de vida y muerte que es la tauromaquia. El caminante a veces piensa que él es un torero al que el toro corneó y dio volteretas en el aire al poco de salir a la plaza, sin tiempo siquiera para colocarse decentemente la montera.
El caminante vive, como buen poeta maldito, enamorado. El caminante a veces adopta pose de poeta decadente, con su pañuelo al cuello, sus maneras de marqués descastado, y sonríe porque ella le rejuvenece todos los años que les separan. Sonríe porque juega a imaginarse futuros imposibles caminando de la mano con ella, como un par de tortolitos. Sonríe, aunque con un rictus de amargura, porque sabe que es mayor y que ya tiene una edad en la que los sueños, ¡quiá, cosas del camino!, se esfuman por entre las manos sin poder retenerlos.
De modo que el caminante, como buen poeta maldito, quiere agrandar su figura consagrándose a la soltería perpetua. En su lado sufriente, en el que no evita enamorarse pero pide que la agonía se prolongue in saecula saeculorum.
Inteligencia, Cultura, Sensibilidad, piensa. Las tres cosas que él nunca tuvo y que eran la clave del éxito en la vida. El caminante piensa, indudablemente con acierto, que Dios jamás escribe con renglones torcidos, pero que usa con maestría una regla de madera para arrearle en las manos a los que se atreven a soñar demasiado y extraviarse de su principal cometido. Y ella es un sueño excesivo, en demasía.
El caminante es universitario, lo que antes, en tiempos mejores, era sinónimo de éxito social, personal y laboral. El caminante escogió estudiar ingeniería porque a la fuerza ahorcan, y más vale ser paloma mensajera que pavo de Navidad. Él, sin embargo, tenía alma de abogado defensor del mismísimo diablo. Quizá, piensa de forma rocambolesca, precisamente eso le llevó a no hacer Derecho y acabar siendo Ingeniero de Caminos.
El caminante es un hombre interesante, que no pasa desapercibido. Es un conato de Gabrielle D ´Annunzio en plena resaca fascista, un falangista hamburguesado que ha sustituido el lema “Patria, Pan y Justicia” por un sarcástico “Café, Copa y Periódico”, un escribidor de provincias que se da a la rima fácil, a la prosa fácil de la vida pausada e indiferente y que no está ya para sonetos.
Aún así, el caminante todavía tiene sueños que duerme por las noches y vive por las mañanas. Corren, o eso piensa el caminante, malos tiempos para la lírica.
El caminante que siempre derrochó sonrisas, cree mejor volverse austero en el prodigar afectos y pródigo en despachar silencios. A ello se afana mientras espera un último milagro.
servido por Alberto
sin comentarios
compártelo
29 Enero 2012
Nos has dado a beber, Señor, nuestras penas disueltas en el vino de la soledad, y las has transformado en una nueva ocasión de amarlas y convertirlas en alegría.
El vino de la soledad nos ha enseñado nuestra cara más humana, nuestra faceta más oculta. Ha abierto descarnadamente las grietas que nos asolan y nos las ha besado con el rocío de tus manos divinas.
El vino de la soledad nos ha enseñado que el amor no necesita de dos direcciones para vivirse. Que si uno ama, ya ha dado pleno sentido a su vida. Que el amor sólo puede ser hermoso si nos da la seguridad de dar la vida por la persona amada. Yo amo, gracias a Ti, mi Señor.
El vino de la soledad, que era el cáliz que nos diste a beber, nos sirvió para dar un baño de humildad a nuestra estúpida soberbia. Para captar el dolor de nuestros semejantes y para convertir la adversidad en codiciado escenario de lucha contra nosotros mismos.
Nos has dado a probar, Señor, el sustrato de tu Fe. Y a mí me supo a esa Gloria que nos tienes reservada cuando termine esta vida, que no es sino el prólogo de la que Tú nos prometiste mientras nosotros te clavábamos en una Cruz y escupíamos soberbia sobre tu rostro.
El vino de tu soledad nos ha enseñado que nuestra vocación está en los libros, en el estudio, en la lectura sosegada y profunda que no busca sino encontrarte en la sabiduría.
El vino de tu soledad nos ha enseñado que llorar es tan bello como reír cuando el corazón está puro, que perdonar es una vía mucho más noble que el odio o que el rencor. Que una vida que no se vive quemándola en el altar de las convicciones y de la verdad no merece la pena ser vivida.
Todo está mucho más claro en esta noche de los tiempos. Yo soy tuyo, siempre y sólo tuyo. Hágase en mí, Señor, tu Santa y Loable Voluntad.
Soy sólo tu tosco y burdo instrumento. Que te ha arrastrado por el fango miles de veces. Que te ha clavado en la Cruz sin atender a tus ojos bondadosos. Perdóname.
Tállame y enséñame a ser mejor. Tállame y enséñame el Amor en toda su intensidad, para que sepa lo que es la Felicidad y la Alegría, y sean los sentimientos que marquen mi vida y mi acción exterior.
Soy tu instrumento. No apartes de mi el cáliz de mis frustraciones, de mis lamentos y de mi soledad. Dámelo a beber hasta el final, para que me procure fuerzas y ánimo para convertirlos en una nueva ocasión de amarte y de tornarlos en ilusión, alabanzas y alegría. Tengo tu Amor, y ya nada me falta.
servido por Alberto
sin comentarios
compártelo
3 Enero 2012
http://www.larioja.com/rc/20111226/espana/espana-encendida-imagen-nasa-201112261710.html
La imagen fue publicada hace unos días por la NASA, y es una vista de la Península Ibérica desde el espacio.
Desde la inmensidad del Universo, España aparece luminosa, refulgente, destilando belleza por cada uno de sus poros, por cada uno de sus pueblos.
L a vieja piel de toro, la nación más antigua del mundo, aparece ante nuestros ojos serena en la noche de los tiempos, tranquila, lejos de aquel espíritu guerrero que la caracterizó desde los tiempos de la Roma eterna. Serena y apacible, descansando de una Historia fatigada, coronada de batallas, glorias, ramos de laurel y conquistas que la hicieron ser dueña de medio mundo y madre del otro medio.
España descansa, luminosa y fatigada a la vez, como esos edificios medievales llenos de grietas, rotos, desvencijados, vencidos por el tiempo, pero que conservan la magia y el espíritu que un día los hizo grandes.
Corren malos tiempos para la poesía, para la belleza y para lo noble. Por eso España, otrora nación grande entre las grandes, agoniza desvencijada por todas partes, rota en jirones por el ansia carnívora de quienes la habitan, con unos destellos luminosos que son tan sólo un mero reflejo de aquel Sol que no se ponía en nuestros dominios.
España, tierra de gentes nobles y trabajadoras, alumbró para el mundo genios en la literatura, en las artes, en la abogacía, en la medicina, en la investigación, en la ingeniería…no hay un solo campo en el que no pueda nombrarse con orgullo un apellido español.
España yace hoy, cansada, en los rincones del olvido. Porque nos hemos centrado unos, en cantar las glorias del pasado, otros, en despreciarla y reputarla fenecida. Porque la hemos contemplado incompleta, con afán partidista, desde la izquierda o desde la derecha, con los trozos ausentes de nuestras almas partidas, sin reparar en que las cosas bellas, aquello que amamos, debe de contemplarse siempre de frente y con los dos ojos.
Esa España calma y quieta que refleja la fotografía, esa España que en su agotamiento rezuma belleza y luminosidad, es la que nos llama una vez más a su resurgir.
Qué importa el egoísmo, la ceguera,el equívoco o la animadversión de cientos, de miles de personas que le expresan su amor de la mejor manera que un español puede hacerlo: odiándola. Nosotros, amantes de lo bello, de las empresas arriesgadas, prestos a amarla hasta la extenuación, seguimos buscando los trozos de una España lejana y perdida para trazar la España grande, atareada, ilusionada, feliz, próspera y alegre del futuro.
No es tiempo de lamentos, ni de nostalgias, ni de melancólicos alegatos. Es tiempo de ponerse a trabajar por España, por esa España en la que cabemos todos y en la que todos sentiremos la gran responsabilidad de ser español.
Nosotros, que reputamos maravilloso un amor que nos traspasa el alma, moldeándola, ya presentimos el amanecer de España en la dulce alegría de nuestros corazones.
servido por Alberto
sin comentarios
compártelo
26 Diciembre 2011
Un ejemplar de la fauna patria que no se ha estudiado con la debida atención es el niño de papá, figura entrañablemente española, como el macho ibérico, como el guiri hortera con calcetines blancos y sandalias, como la folclórica huyendo de la prensa rosa…
El niño de papá, tengo que confesarlo, provoca en mí sentimientos encontrados, unas veces rayanos en el afecto con que se contempla a un niño que se empecina en darse cabezazos contra la pared, otras veces con la tirria con la que veo las declaraciones de ese profeta de la falsa humildad llamado Guardiola.
El niño de papá, como niño bien, vive en el barrio cool de la capital. Sus penurias no son de este mundo, porque son de gran calado: desde la rotura de una uña, a la ausencia de gomina o a la inmensa tragedia de un roce en los manolo blanik. Tragedias de verdad, de las que ustedes y yo jamás sabremos porque somos vulgar chusma, hijos del populacho, carne de barra de taberna. Gente nada “in”, en definitiva.
El niño de papá, claro que sí, es un patriota. Se emociona “un huevo, tronco” (el niño de papá se concede de vez en cuando una licencia poética, como decir “un huevo”), cuando va a mitines y le recuerdan que España es una gran nación, que Santiago Matamoros iba en un caballo blanco y que el Cid era la reencarnación de un Buda justiciero nacido en Burgos. El niño de papá, enfervorizado por la patriotería zarzuelera que tanto le gusta a la derecha, se emociona y grita ¡¡Viva España!! con la misma emoción con que alza la voz en las discotecas de alto standing para pedir otro Martini, otro vodka con limón…pero cuando toca defender a España, sale por piernas a por su Mercedes, no sea que se lo roben, y pone rumbo a Francia con la rapidez que sólo dan el miedo y la cobardía.
El niño de papá, por supuesto, no es esclavo de lealtades, amoríos y otros sentimientos impropios de un ejemplar frívolo y superficial. El niño de papá es, por definición, “libre” e “independiente”. Se la suda, y perdonen la vulgaridad, el hambre en el mundo, los sentimientos de los demás y por supuesto, los problemas de la gente común, de toda esa gran masa social que conforma su “amada” España, pero a la que él se siente ajeno. Afirma ser libre e independiente mientras se sacude el polvo de su camisa de Ralph Lauren y mira impaciente su Iphone, último grito de la gran esclavitud del niño de papá: las marcas.
El niño de papá no rinde cuentas a nadie, porque es el liberalismo elevado a la enésima potencia, el “yo hago lo que me dé la gana, y los demás, que se aguanten”. Con su dinero, sus viajecitos del uno al otro confín y sus pijadas, es superhipermegafeliz y no necesita de nada más.
El niño de papá no ha leído un libro en su vida. Escribe “haber si vienes”, “asimismo”, porque sus lecturas son profundas, desde “Blancanieves y los siete enanitos” hasta “Bambi”, que constituyen la segura base intelectual sobre la que camina por la vida como un sonámbulo, ignorante de todo lo que enseñan los libros. No digamos ya el teatro, la literatura, la Historia y el Arte, que para el niño de papá son cosas de rojos. Él no tiene tiempo para perderlo en eso, está muy ocupado meneando las caderas y dándole a la sinhueso en las discotecas de moda.
El niño de papá, en fin, no tiene amigos. Porque no aguanta la verdad, la crítica razonada, la censura a su comportamiento estúpido. Tiene palmeros a su alrededor, gente que aplaude su vacío intelectual, su frivolidad, su estulticia. Gente que sólo quiere vivir de la bicoca, de las monedas que se le caen al suelo cuando baila la última de “Pitbull”. Gente que es capaz de decirle “bonita melena” aunque el niño de papá sea calvo, gente capaz de glosar su cuello de cisne aunque sea cuellicorto y su gran cultura aunque lo máximo que sepa es que un tal Cervantes escribió el Quijote.
Debemos sentir tristeza y conmiseración. Porque en ese mundo solitario, vacío, de fiesta en fiesta, de viaje en viaje, sin amigos pero con palmeros…no brilla ni uno sólo de los valores que nos hacen humanos, seres diferentes de las fieras, seres capaces de rechazar la inmediatez del placer y subordinarlo a esos valores eternos y permanentes que nos hacen superiores: la lealtad, la amistad, el amor, el dolor, la alegría…
Debemos sentir honda pena, porque el niño de papá apenas es un perfecto don nadie. Y el día que despierte de ese sueño que ahora le nubla la vista, se dará cuenta de que la dura realidad es muy diferente de ese mundo de globitos, daiquiris y ropajes de última moda en el que ha vivido. Pero entonces, por desgracia, el niño de papá se encontrará solo, ya no tendrá a sus palmeros, que habrán marchado en pos de otro niño de papá con el que saciar su sed de fama, dinero y alcohol. Y la vida le pasará esa factura que su dinero no puede pagar.
servido por Alberto
sin comentarios
compártelo
18 Diciembre 2011
http://www.youtube.com/watch?v=S2zpjwbSFcA
Porque España es mucho más que lo que decidan y digan los 350 señores que sientan sus posaderas en el Congreso de los Diputados a cambio del módico precio de su dignidad.
Porque el futuro de una España nueva, esperanzada, atareada, alegre, con una misión y un destino que cumplir, lo escribiremos nosotros, el pueblo español, tan rico en buenas calidades.
Porque la Historia de España siempre ha acabado mal, pero esta vez puede ser distinto.
Porque España es hoy, más que nunca, un folio en blanco que podemos escribir y relatar entre todos. Porque España es Patria de Cervantes, madre de medio orbe, evangelizadora del otro medio, sangre, dolor, decepciones, llanto, guerras, hermanos destrozados por hermanos...pero también es un sueño, una ilusión, una esperanza a la que podemos y debemos dedicarle todo nuestro tiempo y lo mejor que tenemos en nuestro interior.
Porque a los pueblos no les han movido nunca más que los poetas, y porque nuestro sitio está al aire libre, y en lo alto las estrellas. Que los demás sigan con sus festines en la carrera de San Jerónimo, o en unos Parlamentos que nos van siendo cada vez más ajenos, más extraños...nosotros, a seguir trabajando, entre la incomprensión de un lado y la antipatía del otro, por la España de los mejores días, que todavía está por venir.
servido por Alberto
sin comentarios
compártelo
15 Diciembre 2011
Al fondo de la plaza, la melancolía.
Dos amantes que se quieren,
Que se besan jugando entrelazados.
Una vana sensación de amor
Que inunda los últimos suspiros de la tarde.
¡El amor, ah, el amor! Lo que tu buscabas
No era posible que yo pudiera dártelo.
Al fondo de la plaza, una algarabía
De besos que sucesivamente se mienten,
Llevando en su mentira su pecado.
Son sólo el preludio del dolor
Que vestirá de duelo el alma, finalizada la tarde.
Cuando los amantes no sepan que se amaban
Y yo que te amaba te llore sin mostrártelo.
¿Fuimos de verdad, o fuimos sueños?
Sólo fuimos lo que afirmaban poderosos
los besos que soñamos y no nos dimos.
¿Fuimos bella prosa o triste verso?
Quizá no fuimos más que dos menesterosos
que no se atrevieron a cruzar las puertas del destino.
servido por Alberto
sin comentarios
compártelo
13 Diciembre 2011
Sabes que en el fondo no eres más que un niño que se ha puesto la coraza del adulto responsable, circunspecto, serio y que no le concede ni siquiera un minuto a los placeres mundanos.
Sabes que enterrastre muchas lágrimas, muchas súplicas, muchas visiones terribles, en la arena de la indiferencia. Para poder seguir viviendo, para poder seguir soñando.
Sabes que te mueres de ganas de reír, de pasarlo bien, porque han sido muchas lágrimas, mucho dolor, mucho miedo acumulados.
Sabes casi todo acerca de las carencias afectivas, de los sueños frustrados, de las vidas impostadas, de la valentía nacida de la irracionalidad, del duro esfuerzo que supone ser soldado disciplinado cuando tu alma es la de un objetor de conciencia.
Sabes que deberías haber sido capitán general en esa dura y aplicada milicia que es la historia de tu vida, porque siempre fuiste un tipo brillante, obediente, del que no tenía ningún motivo de queja y sí muchos de un orgullo que nunca, ni por el pequeño quicio de la puerta, apareció en sus pensamientos.
Sabes que tu corazón es bueno, que ama, que es capaz de lo mejor, que ha aislado en una pequeña capsulita todo lo malo que vio, todo lo duro que padeció, todo lo que esos ojos de joven adolescente vieron casi sin parpadear y sin quererlo.
Sabes que todo tiene su final, incluso lo malo, y que cada día es un paso más hacia la meta. No te vuelvas airado contra tu suerte. No maldigas a tu corazón. Aprieta los dientes. Enjuga tus lágrimas. Lucha, lucha, lucha. Ya falta poco, estás tocando el cielo con la yema de los dedos. Son los últimos kilómetros.
Las noches despierto, las palabras desagradables que flotaron en el aire, los menosprecios que rondaron a quienes más querías. La incomprensión de ese niño que nunca entendió las negras palabras de ese hombre que debía procurarle su afecto, su apoyo, su ternura. La mujer llorando desconsolada, acurrucada y bañada en el río de sus lágrimas, suplicando un poco de bondad y de amor a unos ojos que algún día la amaron y que entonces eran el vivo reflejo del odio...¿Por qué? Te preguntas..Y yo no puedo darte una respuesta razonada.
Y qué más da. El pasado es aún presente, pero mañana será engullido por un futuro que tú trazas, aunque sea en su forma condicional.
Sabes que te comerías el mundo, que te apetecería bailar, gritar, moverte. Coger el coche y quemar rueda, recorrer veloz los kilómetros que te separan del fin de un mal sueño que ya dura demasiado.
Permanece alegre en tu tristeza. ¿No ves que ya se atisban signos de esperanza? Cada día que pasa es un motivo más para sonreír. No decaigas. Y no caigas en los brazos de tu mayor enemiga, la soledad, ni en los de tu peor consejera, la autocompasión.
Si durante muchos años fuiste un alma torturada, el Paraíso se yergue ante tí, aunque todavía no puedas ver más que sus vagas sombras.
Salud, camarada. Y sigue luchando.
servido por Alberto
sin comentarios
compártelo
8 Diciembre 2011
En el tema de la inmigración, odio la distinción entre “nosotros” y “ellos”. Las plataformas políticas creadas para criminalizar al inmigrante no son más que altavoces de propagación del odio. Exaltar la diferencia - el nosotros frente al ellos- como método para introducir el terror en la población. Criminalizar al inmigrante es la vía fácil, utilizada por cientos de compatriotas, para descargar sobre un cabeza de turco sus propias frustraciones. Y he aquí que partidos supuestamente patriotas se escudan en acusar a la inmigración de todos los males del país, desde la crisis hasta el paro, pasando por la mala tarde de José Tomás en el ruedo.
Parece que nos olvidamos de que España fue siempre país de emigrantes, país de gentes honradas y trabajadoras que partieron al exterior en busca de un pan que la Patria les negaba. Lo hemos olvidado.
Quizá el problema no sea fruto de un populismo barato que en España, a Dios gracias, tiene una base exigua. El problema es que nuestra sociedad ha dejado de considerar al hombre como portador de una serie de valores y dignidades intrínsecos por el mero hecho de haber nacido humano. El problema es que la sociedad pergeñada por todos nosotros ha extraviado su sentido humanístico. El inmigrante ya no es una persona, con iguales derechos y dignidad que nosotros, sino un competidor por el trozo de pan que llevarse a la boca. Nos olvidamos de la tragedia que rodea las vidas de todas las personas que arriban a nuestra España y lanzamos una oda al egoísmo nacional, convencidos de que nuestros problemas no residen en nosotros, sino en quien ha venido de fuera.
Se nos olvida que el inmigrante es un ser humano, que siente, padece, ríe, se alegra y late al mismo compás que nosotros. Que, una vez venido a España, su prosperidad es la nuestra y su desgracia la nuestra. Olvidamos que el inmigrante, lejos de ser un enemigo, es un ser humano que dejó su patria y vino a la nuestra a cumplir los sueños que en su país le fueron negados. Olvidamos que a las personas no se las mide por su raza, ni por su origen, sino por su calidad humana. Olvidamos que, en aquella España de miseria, hambre, tristeza y desencanto, nosotros también fuimos inmigrantes que se lanzaron al mundo a buscar el Pan y la Justicia Social que hoy les negamos a quienes navegan sus sueños frente a las costas de España.
servido por Alberto
2 comentarios
compártelo